Ramfis Domínguez Trujillo y la crónica de una …

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Hay una frase muy popular en el pueblo dominicano que dice: “no es lo mismo llamar al Diablo que verlo llegar”. Desde hace muchos años, cuando en el país se cree que algo no marcha bien, se suele decir: “hace falta un Trujillo”, “ah un Trujillo presidente”, entre otras alusivas a quien por espacio de 31 años gobernó la República Dominicana. De tanto invocarlo, llegó un Trujillo, trátase del nieto del “JEFE”, Ramfis Domínguez Trujillo, un joven que hasta hace poco se había manejado en bajo perfil, pero ahora entiende que debe ser presidente.

Sus aspiraciones han despertado en el país las mil y una sensaciones; desde el nerviosismo de los llamados antitrujillistas ante el auge que viene exhibiendo su propuesta electoral, una oposición que desde ya empieza a sertir el desplazamiento de un escenario que entendía absoluto; hasta la incertidumbre que genera entre adversarios, escépticos y allegados, que al no ser una persona probada, se ignora con qué línea gobernaría el país de ser elegido presidente, y qué sorpresas podrían producirse en ese mismo escenario.

Pretender juzgar a Ramfis por las malas acciones de su abuelo, sería lo mismo decir que Matías Bosch, nieto del profesor Juan Bosch (el presidente mas honesto, pulcro y cristalino que ha tenido este país), tiene que ser presidente. Si las acciones buenas no se heredan, las malas tampoco. Ramfis podría ser la persona que venga a reinvindicar el nombre de su abuelo, ligado a tantas historias sangrientas en esta nación; podría ser completamente lo opuesto a la línea de gobierno de su abuelo; pero cómo lo sabremos si no le cedemos la oportunidad de demostrarlo?

He escuchado a algunas personas descalificar sus aspiraciones por el mismo no haber hecho vida en este país. En parte tienen razón y en parte no. En la parte que tienen la razón es porque deberá esperar 10 años para presentarse como candidato presidencial (si renuncia a la otra nacionalidad y se radica en este país), pero una vez superado ese obstáculo, les digo que conforme al artículo 18 de nuestra Constitución respecto a la nacionalidad, la misma expresa: “Son dominicanas y dominicanos: 1) Los hijos e hijas de madre o padre dominicanos; 4) Los nacidos en el extranjero, de padre o madre dominicanos, no obstante haber adquirido, por el lugar de nacimiento, una nacionalidad distinta a la de sus padres. Una vez alcanzada la edad de dieciocho años, podrán manifestar su voluntad, ante la autoridad competente, de asumir la doble nacionalidad o renunciar a una de ellas”. De este modo, es incuestionable la nacionalidad dominicana de Ramfis.

La misma Carta Magna en su artículo 21 fija las condiciones para adquirir la ciudadanía. A esos fines esgrime: “Son ciudadanos todos los dominicanos y dominicanas que hayan cumplido 18 años de edad”. Inmediatamente le otorga sus derechos en el enunciado siguiente: “Son derechos de ciudadanas y ciudadanos: 1) Elegir y ser elegibles para los cargos que establece la presente Constitución”. Entre esos cargos está ser Presidente de la República.

Ramfis Domínguez Trujillo, aspirante a Presidente de la República Dominicana

Según estipula en su artículo 123, los requisitos para ser Presidente de la República, son: “1) Ser dominicana o dominicano de nacimiento u origen; 2) Haber cumplido treinta años de edad; 3) Estar en pleno ejercicio de los derechos civiles y políticos; 4) No estar en el servicio militar o policial activo por lo menos durante los tres años previos a las elecciones presidenciales”. Es evidente que Ramfis cumple con las cuatro condiciones que exige la Constitución para ser Presidente, pues si es cierto que no es dominicano por nacimiento, no menos cierto es que lo es por origen.

Salvo lo estipulado en el artículo 20 de la Constitución, ni constitucional ni legalmente, al ciudadano Ramfis Domínguez Trujillo se le puede coartar su sagrado y legítimo derecho de aspirar a Presidente de la República. De mantenerse la actual coyuntura política, sólo exterminándolo físicamente se impediría que en su momento sea sometido al escrutinio nacional. Según informaciones que nos han llegado, con la plataforma electoral, legalmente constituida del Partido Demócrata Institucional (PDI), que preside el empresario Ismael Reyes, se pretende presentarlo como candidato presidencial para el siguiente proceso. En manos de la Junta Central Electoral y el Tribunal Superior Electoral está permitirlo o no.

En el país existe actualmente una oposición con ansias de llegar al poder; sin embargo, no han sido capaces de vender un discurso o estructurar un proyecto que saque al PLD del Palacio Nacional, porque si es cierto que ya la gente (incluso los mismos peledeístas) está cansada de los gobiernos morados, no menos cierto es que la oposición política tradicional no ofrece y mucho menos garantiza algo diferente. Se trata de un “quítate tú para ponerme yo”.

Persiste aun muy arraigado en un importante segmento de esta sociedad, un sentimiento de repugnancia y animadversión hacia la familia Trujillo, por los actos de barbarie cometidos por el Presidente Trujillo durante su mandato. Ese sector podría atentar contra la vida de ese “muchacho”, y sería el elemento perfecto para que la oposición le acredite “el muertito” al gobierno para con ello pretender pescar en río revuelto.

Ramfis será proclamado candidato presidencial por el PDI, pero hay dos cosas muy importantes que debe tener en cuenta: la primera es moverse a todos los escenarios de aquí y de allá, con un gran escuadrón de seguridad para salvaguardar su vida, y la segunda, que si desea ser tomado en serio por la gente, debe despegarse del lado figuras de un pasado muy oscuro que lejos de sumarle le resta mucho apoyo de personas que jamás se le acercarían para no compartir escenario con los susodichos. Conforme a lo que se ve, para las próximas elecciones, Ramfis no podría ser Presidente, pero sí puede ir creando la plataforma política para que después de estos dos períodos venideros pueda ser votado como tal.

NOTA: este artículo fue editado por la inobservancia del autor al artículo 20 de la Constitución Dominicana. Otorgamos los créditos a David Duval por la observación.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Constructor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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