El presidente anhelado

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Hay una frase escrita por Albert Einstein que dice: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Desde la fundación de La República hasta nuestros días, el Estado Dominicano ha sido convertido en una “vaca lechera” en donde la mayoría de los que no hemos sido capaces de desarrollarnos en nuestra vida privada o empresarial, nos enganchamos a políticos, nos “enllavamos” con alguien con posibilidades de administrar la cosa pública (en caso de llegar al gobierno), y esperamos ser colocados en alguna posición para de manera despiadada timar al erario y enriquecernos.

Es por ello que independientemente del fanatismo propio del dominicano por cada cosa, en cuanto a la política lo es permanente; estamos en proselitismo los 365.25 días del año. El Estado es el administrador de los bienes y servicios comunes del país, pero el dominicano común lo ve como un “botín de guerra”, una fuente inagotable de recursos al que puede saquear sin compasión. Vemos a no menos del 80% de nuestros ciudadanos en una férrea defensa a favor de su candidato, no importando cuán malo o corrupto pueda ser o cuánto daño haya hecho al país, si es el que nos mantiene viva la esperanza de un empleo una vez se llegue al poder.

La doble moral imperante hoy día en nosotros como pueblo, deja muy mal parado a nuestro país en la lucha contra la corrupción. Por un lado la criticamos cuando los corruptos son los que están, pero por otro lado pretendemos llegar nosotros para hacer lo mismo, es la única garantía de “ser rico”. Se hace necesario cambiar esa mentalidad de parias que no nos permite avanzar como nación. La corrupción en todos los niveles, pública y privada debe ser erradicada. Para ello, hacen falta dos cosas fundamentales: conciencia colectiva y voluntad política. La primera arrastra a la última.

Recientemente el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, anunció a su nación una serie de medidas inéditas para sancionar a los funcionarios y las empresas involucradas en esos casos. A saber: 1) He ordenado con un decreto legislativo que las empresas condenadas por corrupción nunca más puedan contratar con el Estado; 2) He dispuesto la muerte civil de los funcionarios corruptos para que nunca más puedan trabajar en el Estado; 3) A partir de hoy, todos los contratos de concesión del Estado peruano obligatoriamente incorporarán la cláusula anticorrupción con la finalidad de resguardar los intereses como país; 4) Triplicaremos el presupuesto de la Fiscalía dedicada a investigar y atrapar a los corruptos. Caiga quien caiga; 5) Hoy también les anuncio que hemos creado un sistema para recompensar a los funcionarios y ciudadanos honestos que denuncien actos de corrupción. A partir de ahora, quienes nos ayuden a acorralar y sentenciar a los corruptos serán premiados y protegidos.

El mandatario peruano, continúa: 6) Ante el incumplimiento financiero del consorcio que lideraba Odebrecht en el contrato del ducto del sur, hemos cobrado la garantía por 262 millones de dólares. Con este monto seguiremos manteniendo el proyecto mientras se licita un nuevo contrato honradamente. El gas llegará al sur, no lo duden; 7) Mis ministros y yo hemos publicado toda nuestra información personal a raíz de la recomendación de la comisión de integridad que nosotros nombramos al inicio del gobierno. Invoco a las altas autoridades de la nación a hacer lo mismo; y 8) Con relación al caso del ex presidente Alejandro Toledo, hemos tomado todas las acciones que la ley nos permite a nivel nacional y en jurisdicciones internacionales como Estados Unidos y otros países para lograr que regrese a aclarar su situación frente a la justicia peruana.

Al escuchar las palabras del presidente peruano, he reflexionado: …cuándo en nuestro país tendremos un presidente que actúe así? Termino concluyendo que nuestros gobernantes lo harán cuando empecemos a ver a los funcionarios públicos como servidores del Estado y no como dioses; cuando denunciemos los actos de corrupción  que conocemos cometen y no hacernos sus cómplices por migajas; cuando estemos en un lugar público y llegue un corrupto, pararnos, irnos y dejarle el espacio; cuando pensemos qué podemos aportar al Estado y no qué podemos sacarle al Estado; cuando entendamos que el Estado no es una fuente de enriquecimiento, sino una proveedora de servicios comunes y reguladora del marco jurídico por el que nos desenvolvemos. Cuando así pensemos y actuemos los políticos que nos gobiernan actuarán diferente.

Este país está harto de que cada cuatro años venga un gobierno con la expresa decisión de desfalcarlo. No importan las leyes e instituciones creadas para controlarlo, son tan expertos que dedican decenas de horas al mes sólo trazando las estrategias para vulnerar los sistemas de controles de prevención de la corrupción administrativa. Salvo muy pocas excepciones, hasta el momento ninguno de los que ha administrado el gobierno ha sido diferente: en los gobiernos de Trujillo, ningún funcionario podía enriquecerse ilícitamente, pero la familia presidencial era dueña de medio país; en el efímero mandato de Juan Bosch, todo apostaba a un gobierno ético y moral en donde tampoco la familia presidencial se lucraría del Estado, pero no logró mantenerse en el tiempo.

En los gobiernos que han sucedido al profesor Juan Bosch, se ha administrado el Estado como una junta de vecinos, con un presidente honrado y austero, pero que permitía el enriquecimiento de sus altos funcionarios y justificaba el “macuteo” en los empleados de menor jerarquía; unos con una desbordante corrupción administrativa y casi convierten el país en un “narco estado”; hasta otros con grandes estadistas, con visión de desarrollo, progreso y honrados, pero muchas veces rodeados por un equipo de colaboradores que han devorado el erario, acumulando cuestionables fortunas económicas.

Todo está perdido? Imposible. Hace falta un gobierno presidido por alguien que no sea narigoneado por un “Comité Político”; por un alguien que no tenga compromisos con los corruptos que se han adueñado del país, alguien que no reciba favores del narcotráfico, tampoco de los evasores, alguien que promueva la independencia de poderes, en donde el Procurador General de la República no sea un empleado del Ejecutivo; alguien que no aplique el “borrón y cuenta nueva”, y que todo el que ha sustraído los recursos del Estado tenga que regresarlos e indemnizarlo, además de la prisión por el hecho.

Este país necesita alguien que sea capaz de crear políticas públicas para que no sea necesario un muro fronterizo ni deportar a los ilegales, sino que ellos tengan que irse por su propia cuenta ante la falta de oportunidades. Decía el Dr. Joaquín Balaguer en una de sus célebres frases: “este es un país rico, pobremente administrado”. Los presidentes “blandengues” que dirijan juntas de vecinos, un país requiere de un estadista, pero que no esté comprometido con la corrupción. Cuando en este país algún día surja un candidato con esas condiciones y coincida con un pueblo que piense y actúe diferente, ese día podrán descansar en paz nuestros padres de la patria, y yo habré despertado de este romántico sueño.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Constructor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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Comentarios

  1. Francisco Veloso 1 enero, 2018 a las 10:57 am
    /

    Excelente artículo.
    Pero realmente es un sueño romántico el del Presidente Anhelado.

La realidad existe como un absoluto objetivo: los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres

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