El dilema de Danilo y Leonel con el sistema de primarias

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En el Siglo XVIII, los Estados Unidos de América debatían acerca de la elección presidencial, si dejaban esa responsabilidad al Congreso Nacional o en su defecto la asumían directamente los ciudadanos. En esa época, realizar una campaña electoral a nivel nacional era casi imposible debido al tamaño del país y a las dificultades en la comunicación y logística para ello. Los creadores de la Constitución de 1787 rechazaron la idea de que el presidente fuera elegido por el Congreso (como pretendían unos) o por el voto popular (como deseaban otros), debido a que los ciudadanos optarían por su candidato local y los grandes estados acabarían dominando la política de EE.UU. e imponiendo presidentes.

Es así como a los padres fundadores de la federación, les surge la idea de un punto intermedio entre el voto universal y el voto congresional, surgiendo lo que hoy conocemos como el “voto electoral”. Los ciudadanos no votan directamente por el candidato presidencial, sino por 538 compromisarios (en cada estado equivalente al número de sus congresistas), quienes en la capital de sus respectivos territorios, entre mediados de noviembre y mediados de diciembre votan por el candidato que les encomendaron mediante el voto popular. Ese resultado es declarado formalmente por el Senado el 6 de enero y el nuevo presidente toma posesión el 20 de ese mismo mes.

Hoy se debate igualmente en la República Dominicana la inserción en la tan anhelada Ley de Partidos, la escogencia de los candidatos presidenciales de cada boleta mediante primarias abiertas o cerradas. La última palabra la tiene el Comité Político del gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD), cuya mayoría obedece las preferencias del presidente Danilo Medina, quien aboga por el modelo de primarias abiertas, mientras que el Ex-presidente de la República y presidente de ese partido, Dr. Leonel Fernández, apuesta por primarias cerradas.

Ambos tienen motivos de mucho peso para alimentar sus preferencias. El actual gobernante Danilo Medina, le huye como El Diablo a la cruz al proceso de primarias cerradas, ya que en los dos gobiernos que ha encabezado se le ha acusado de gobernar mas con amigos personales que con las estructuras partidarias. Los dirigentes medios y de base del partido, no disimulan al expresar su descontento con las actuales autoridades; a eso se le suma, que la Secretaría de Organización del Partido está en manos del principal activo humano del equipo de Leonel, hombre que en materia de política se las sabe todas, y que no duerme a ninguna hora del día.

Ya un Diputado ha acusado públicamente al Secretario de Organización del partido, de “andar de aquí para allá con el padrón de la organización en el pecho, como si se tratara de un crucifijo”. Ya los peledeístas no son los “moralistas” de ayer; las alianzas con los reformistas y perredeístas les ha enseñado a hacer de todo para ganar; de ser las primarias cerradas, ahí podría haber exclusiones, dislocamientos de ubicación, inserciones, entre otras “bellaquerías”, propias de esos procesos internos. Eso lo sabe perfectamente el presidente Danilo Medina, y no desea enfrentarlo.

Por su parte, el grupo oficialista pretende que las primarias sean abiertas, ya que en un universo electoral, los que tengan mas capacidad financiera terminarían imponiéndose. La inversión que habría que hacer en un proceso abierto, sólo los recursos del erario pudieran aguantarla. Eso lo sabe perfectamente el Ex-Presidente Leonel Fernández, que si decide pelear en ese territorio, allí le ganarían por experiencia acumulada.

La metodología por donde pudieran definirse las primarias en los partidos del sistema, serían: las primarias cerradas, en las que se permiten participar sólo a los miembros de un partido político determinado; las primarias abiertas, en que todos los electores registrados en el padrón de la Junta Central Electoral pueden participar en las elecciones de un partido; y las primarias semicerradas, que admiten la participación en las internas de un partido, no sólo a sus miembros, sino también a aquellos que estando en el padrón de la JCE no están inscritos en ningún partido.

A menos que ya a los peledeístas les hieda el poder y deseen entregarlo en bandeja de plata a sus opositores, entre Leonel y Danilo debe producirse necesariamente un entendimiento, en el que ambos cederían. Emulando el modelo norteamericano, no debe ser ni una ni la otra, sino un intermedio que sería “primarias semi-cerradas”; de mantenerse el pugilato entre ambos, que no olviden que en un pleito por el mismo hueso de dos perros bravos, termina llevándose el hueso un tercer perro. El mejor negocio que se hace, es aquel en el que todos sus actores salen inconformes.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Constructor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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