Senadores y empresarios delincuentes

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La verdadera esencia de la justicia en todas partes del mundo no es otra que “dar a cada quien lo que en derecho le corresponde”. Es por ello que su diosa Temis era la encarnación del orden divino, el derecho y las buenas costumbres, en su aspecto como la personificación de la justicia divina de la ley. Sin embargo, cuando crees que el sistema de justicia te da la espalda, recurres a todas tus herramientas para tomarla por tus propias manos.

En nuestro país, hay demonios que parecen santos y santos que son demonios; delincuentes de cuello blanco en las empresas, en el gobierno y en el congreso, quienes hacen todo tipo de fechorías e imponen su poderío sobre el bien y el mal, blindados con el traje de la impunidad. Delinquen descaradamente ante nuestras narices con la mirada indiferente de quienes están llamados a hacerles pagar por sus faltas.

Desde hace varios años, he estado percibiendo a una ciudadana domínico-estadounidense, que alega se le han quebrantado todos sus derechos y lleva mas de diez años cargando sobre sus hombros la pesada cruz del abuso de poder y la denegación de justicia, sin que aparezca Cirineo alguno en su ruta para ayudarle.

Según su versión, estuvo casada con un actual Senador de la República, con quien procreó varios hijos; sin embargo, todo empieza cuando pensando ella que era “la señora”, no era mas que una “querida” del legislador, porque el “matrimonio” nunca existió y si existió fue desaparecido de los libros de la Oficialía del Estado Civil. El señor Presidente de la República de entonces, fungió como padrino del bautismo de uno de los hijos de dicha “relación”.

Expresa la dama que el siguiente golpe de su influyente “ex-esposo” fue quitarle todas sus pertenencias, utilizando métodos ilegales. Simuló una venta de su vivienda personal, un penthouse en el exclusivo sector Piantini de la capital, en donde posteriormente se apareció un contingente humano y policial a desalojarla junto a sus hijos. Con la pistola en la mano derecha y un celular en la otra, logró que se presentara al lugar el fiscal del Distrito Nacional, quien valientemente apresó a los que se prestaron al conato de desalojo.

Posteriormente ese Senador, actuando en complicidad con los directivos de un importante complejo vacacional de la zona Este del país, falsificaron las firmas de los ejecutivos de un banco del sistema financiero nacional, simulando un acto de “venta-hipoteca”, para lo que también falsificaron la firma del notario; y la despojaron de la villa que usufructuaba, valorada en mas de un millón de dólares ubicada dentro de dicho complejo, procediendo luego a desalojarla de la misma, provocando daños que la han hecho una ruina.

Sin importar las razones de la larga lucha entre esa ex-pareja, quiénes aportaron o no para la compra de los inmuebles, tampoco que el legislador adeude millones de pesos por manutención de los menores a su madre; lo cierto es que un caso tan delicado como este último en donde se falsificaron firmas de banqueros y notario para transferir inmuebles, es para llevar a los responsables por varios años a la cárcel, sin embargo, los autores intelectuales y materiales siguen por ahí legislando uno y los otros en sus confortables oficinas privadas dirigiendo el respetable e imponente complejo turístico.

La dama afectada, ante su clamor e insaciada sed de justicia utiliza los medios de comunicación a los que tiene acceso, así como las redes sociales para expresar sus quejas, cada acción que mueve en contra del complejo vacacional, la coloca como alerta a propietarios de villas e inversionistas, como señal del riesgo que podrían estar corriendo los que no tienen bien definidas sus acreencias en el aspecto legal. De regalo de Navidad, el complejo le ha intimado a pagar una millonaria deuda que ha acumulado por concepto de pago de mantenimiento y servicios la misma villa que ha generado el conflicto.

Es evidente que salvo algunas excepciones, en este país quien no es de oro tiene un baño de goldfeel, a quien menos ves corriendo puedes encontrarlo volando; a diario escuchamos a muchos pavonearse de ser personas serias y honorables; sin embargo, esa doble moral de decir una cosa y hacer otra; de cubrir y proteger a facinerosos delincuentes de cuello blanco, sólo nos dice que estamos muy mal, enviando una señal equivocada a las futuras generaciones. A Dios que nos agarre confesados.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Constructor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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