La disyuntiva de Leonel

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Cuando en el año 1995 el doctor Leonel Fernández, luego de haber sido un año antes el compañero de boleta del prof. Juan Bosch, recorrió toda la República Dominicana exponiendo su programa de gobierno para las elecciones del 1996, fue para él una herramienta demoledora. La gente que no le conocía tuvo la oportunidad de interactuar con él, conocerle y comprarle su propuesta. El hombre es de esas personas al estilo “encantador de serpientes”, que si lo dejan hablar convence.

Sus gobiernos (1996-2000, 2004-2008 y 2008-2012) son por todos conocidos, preñados de luces y sombras, muchas realizaciones pero mucha corrupción. Se puede ser o no simpatizante del PLD, admirar o no la figura de Leonel Fernández; pero despojados de los trajes del apologismo y la animadversión, es de justicia reconocer que Leonel no merece el trato vejatorio, humillante, despiadado e inmisericorde que le ha sido tributado por muchos de sus compañeros.

Cuando en casa tenemos a nuestros padres, hermanos o hijos y damos malas señales de que no los respetamos y les maltratamos, fuera de ella los particulares los tratan con desdén, les pierden el respeto y les miran por encima del hombro. Es de ahí de donde nace la frase: “los trapos sucios se lavan en casa”. El doctor Leonel Fernández es un líder de la región; sin embargo, muchos aun no lo han asimilado como tal porque en su país de orígen no lo valoran en su justa dimensión y en su casa materna lo  tratan como a un paria.

Hoy recorre todo el país promoviendo lo que se ha denominado el proyecto “República Dominicana 2044”, en el que se ofrece una revolución en materia de obras de infraestructura y tecnología que serían desarrolladas en un gobierno por él encabezado. Quien conoce el modelo de gobierno del doctor Fernández, no duda en lo absoluto que todo cuanto en ese sentido ofrece sería una irrefutable realidad. Pero ¿a qué precio para el país? ¿Cuáles de sus seguidores serían los funcionarios que manejarían los recursos de esas obras?

Antes de pretender los huevos debemos tener asegurada la gallina; el principal problema del doctor Fernández no es convencer a la gente de qué haría en un gobierno que le toque encabezar, sino todo lo contrario, ¿con quiénes lo haría? y ¿qué no volverían a hacer? Su imagen está a nivel local (que es donde están los votos para llevarlo al poder) muy deteriorada. El es el producto de un mercado cuyos consumidores son influenciados mas por campañas mediáticas que por su propia razón.

El principal obstáculo a superar lo tiene dentro de su propia organización. La Reelección del actual mandatario la tienen montada, quien no quiera darse cuenta de ello es porque prefiere creer otra cosa. Cuando este gobierno invierte 10 millones de pesos en una obra, gasta 12 millones cacareándolo; eso no es mas que reelección; el empeño de no poner los candados a la Constitución, no es otra cosa que reelección.

No menos evidente es el afán de primarias con padrón abierto (ante un partido del que Leonel es su presidente, y sus principales cuadros nacionales organizados por su mas aventajado alumno el senador Félix Bautista), es un elemento del conjunto de la reelección; pretender llevar la contraria a las posiciones de Leonel ante el Comité Político y demostrar quién tiene mas poder, huele a reelección. Para terminar de consumarlo, sólo faltaría una reforma constitucional y los reeleccionistas saben cómo hacerlo.

En un proceso primario (abierto o cerrado) sería  un suicidio pretender disputarle al presidente de turno una candidatura sin tocarlo ni con el pétalo de una rosa; eso lo sabe muy bien el doctor Leonel Fernández. El 80-20 del 2007 no se trataba de Leonel – Danilo, sino del Presidente – Danilo; como tampoco hoy se trataría de Danilo – Leonel, sino del Presidente – Leonel. La palabra que mas peso tiene en este país, es precisamente esa de 10 fonemas, la residencia del verdadero líder.

Si Leonel desea ser presidente nueva vez, hay dos grandes retos que debe salvar: el primero es entender que por gravedad no será el candidato; debe decidir entre si asumir el riesgo de enfrentar a sus oponentes con las mismas armas con las que a él lo han atacado y acogerse a las consecuencias, o seguir pasando paño con pasta y desangrándose en su interior como si nada pasara.

El segundo gran reto si optara por la primera opción sería recorrer todo el país tal como lo está haciendo, pero no pretendiendo convencer a nadie de lo que haría en su futuro gobierno, sino de que será muy diferente a los primeros en aspectos como su indiferencia ante el enriquecimiento ilícito de manera descarada de muchos de sus funcionarios; mayores atenciones a las clases de abajo, un permanente acercamiento del gobierno con los menos pudientes; que el presidente se baje de las nubes en las que se ha mantenido; y que haga contacto con el pueblo para que escuche de su viva voz cuáles son sus malestares.

Con esa parsimonia inherente a su propia naturaleza, no le costará mucho convencer al votante de ello; sin embargo, insistir en venderse sólo por las obras que ha hecho y las que pretende desarrollar, podría el actual mandatario tomarle la palabra y empezar a hacerlo, lo que le quitaría todo sentido a su regreso al poder. Aun faltan 2 años para la campaña electoral, pero el camino a recorrer es tortuoso y accidentado.

 

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Constructor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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