El Futuro del PRD

En Editorial  por

La democracia en estos países tercermundistas ha traído consigo de alguna manera una situación que ataca inmisericordemente a las fuerzas políticas que actúan en el sistema de partidos imperante en la República Dominicana, toda vez que en la misma medida en que una posibilidad se abre, otras se cierran.

Miguel Vargas e Hipólito Mejía

Miguel Vargas e Hipólito Mejía

El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), gobernó el país con su líder DR. JOAQUIN BALAGUER encabezando su boleta presidencial. El caudillo de entonces nunca se sometió a un proceso de escrutinio ante las bases de su organización, sino por el contrario, dedocráticamente elegía los diferentes candidatos tanto en los niveles congresuales y municipales para representar la boleta del gallo colorao. En todos los años electorales, una comisión se trasladaba a los pueblos previo a las elecciones, y por encargo de Balaguer elegía los diferentes candidatos.

Hasta ese momento existía una gran armonía entre los compatriotas, ya que una vez elegidos los candidatos, todos, absolutamente todos sus correligionarios se integraban a los trabajos políticos para ganar esas posiciones. Nadie en su sano juicio se atrevía a cuestionar una decisión tomada por el líder y guía del Glorioso Partido Reformista.

Posteriormente, dentro de un marco de democracia en donde se le daba la oportunidad a las bases de elegir a los candidatos que querían les representara en la boleta, se abre el abanico y se establecen las llamadas PRIMARIAS, en donde todo el que deseara aspirar a una posición de elección popular, si era miembro del partido podía inscribirse en el proceso y participar en la misma. El resultado de esos procesos era que todo el mundo entendía debía ser el candidato pero nadie se preparaba para perder. El que no salía ganancioso esas primarias internas, no se adhería a los trabajos para que el partido ganara las elecciones. Ello se convirtió en un cáncer en ese partido, el cual hizo metástasis y hoy, a varios años de la muerte de su caudillo no ha podido surgir un liderazgo en sus altas instancias que sea respetado, pero tampoco ocurre en los niveles medios ni bajos de esa organización. Con el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), está sucediendo aunque no lo mismo pero muy similar. Después de la partida del Dr. José Francisco Peña Gómez, en ese partido se han producido situaciones dignas de analizar. Los perredeístas como un homenaje póstumo a la muerte de su líder de parte del pueblo dominicano, llegan al poder; sin embargo, su propia desorganización tanto en la administración de la cosa pública como de su partido, no logró retener el poder mas allá del año 2004, a pesar de los ingentes esfuerzos de imponer una reelección presidencial.

Posteriormente, en el año 2008, siendo candidato del partido el Ing. Miguel Vargas Maldonado, no hubo forma de que su contendor interno Hipólto Mejía le favoreciera con su apoyo, lo que trajo como resultado que el PRD perdiera las elecciones en primera vuelta. En el pasado proceso, siendo Hipoólito Mejía el candidato, Miguel Vargas, aunque en ningún escenario dijo no apoyarle, pero era obvia esa decisión que evidenciaba una división interna en el partido, al punto que fue a realizar el deber del voto ya al final de la jornada cuando el partido tenía perdidas esas elecciones.

En el día de hoy, fruto de esas desavenencias, se divide el PRD y de sus entrañas nace el Partido Revolucionario Moderno (PRM) que al decir de sus principales dirigentes, encabezados por el Ex-presidente Hipólito Mejía y Luís Abinader, representa el 95% de los perredeísta. Lo que parece olvidan esos honorables, es que el PRD es un monstruo de 7 cabezas que ni él mismo puede auto destruirse. Aun los símbolos que dieron origen a esa organización están del lado que representa Miguel Vargas, y al final de la jornada, lo que se le viene a los hermanos del PRD y PRM, es que divididos no van a sacar ni un segundo alcalde pedáneo. Y ello representa una amenaza para el sistema de partidos y la democracia en la República Dominicana, pues cuando el PLD no advierta una real amenaza en la acera del frente, hará en el poder todo cuanto en gana le venga.

A diferencia de algunos teóricos que apuestan a la destrucción total y definitiva de la oposición, entiendo que los peledeístas deben poner sus barbas en remojo, porque en la medida en que los principales dirigentes y funcionarios del PLD entiendan que no existe forma de perder las elecciones independientemente del candidato que presenten, menos valor le dispensarán a sus dirigentes medios y de base. Necesitamos una oposición unificada.

Autor

Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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