La doble moral de nuestros gobernantes

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La “doble moral” es un criterio aplicado cuando a un individuo o institución se le acusa de ejercer una doble norma en el tratamiento dado a diferentes grupos de personas, es decir, que injustamente permiten más libertad de conducta a un sujeto que a otro.

El presidente Danilo Medina ha pregonado en todas direcciones que los gobiernos que ha encabezado han sido éticos y morales, diferenciándolos inclusive de pasadas gestiones del mismo partido. Expresa el mandatario que sus funcionarios son impolutos, referentes morales en todos los aspectos de sus vidas; parecería que vivimos en un paraíso en donde la corrupción es historia, cosa del pasado. En República Dominicana, suele practicarse con frecuencia este concepto, hasta en los mas encumbrados personajes.

Desde que se inició la “Era de Danilo” en el año 2012, se han producido en el gobierno decenas de escándalos de corrupción en los que cientos han debido ir a parar a La Victoria o el 15 de Azua; sin embargo, tenemos un presidente que cuando quien mete la mano no es uno de sus discípulos, se erige como el mas serio, responsable, ético y moral; mueve mar, cielo y tierra para que le corten la cabeza, que lo lleven al paredón de manera despiadada e inmisericorde, que lo vejen, lo humillen, lo sepulten.

No es la misma reacción cuando quien “mete la pata” es uno de los que le encienden la vela; en ese caso, dice: “yo no quiero ruidos en el gobierno, manejen eso”. El resultado es que todo se queda entre compañeros y en el peor de los casos, lo quita de esa posición y lo lleva a otra de menor jerarquía. Los casos están ahí, el pueblo los conoce, pero son de sus vasallos, gente que accedía a sus aposentos, los inmortales e intocables.

En el primer gobierno de Leonel, “se pagaba para no matar”; es así como surge el famoso PEME que llevó al banquillo de los acusados a unos cuantos al salir del gobierno. En la “Era de Danilo”, el PEME lo tiene la prensa; los periodistas y medios de comunicación están en un 95% comprometidos hasta el tuétano con el gobierno, para apagar sus micrófonos ante los escándalos de corrupción que a este afectan; lo poco que se conoce es porque un 5% aun no ha sido cubierto. Es asombroso ver las nóminas de las instituciones públicas cargadas de periodistas, familiares y hasta de los conserjes que les sirven en sus hogares.

Los presidentes de turno suelen rodearse de corruptos de todo tipo, pero cada uno protege al suyo.

El pasado lunes, un programa de televisión se hizo eco de “la fortuna no declarada del Zar del Metro, Diandino Peña”, la periodista en cuestión ridiculizó al director de la OPRET, al punto que no pocos creíamos que iba a colapsar. Soy de los que al ver el descaro con que ese señor se manejó al frente de esa institución, creo que al día siguiente debió emitirse el decreto de su separación del cargo; creo también que inmediatamente debió ponerse en movimiento la acción pública, confiscarle todos sus bienes, y aquellos de los que no pueda justificar su procedencia, que sean decomisados.

Al tratarse de alguien que no es de sus adeptos, no se hizo necesaria ninguna investigación previa y 4 días después fue cancelado. Que bueno que lo canceló; pero Presidente Medina, haga lo mismo con los suyos; ustedes tienen la lista de los sobornados por ODEBRECHT y no saben qué hacer, porque hay cabezas que al cortarlas pudieran salpicar altares y caerse muchos santos. Que vayan a la cárcel todos los corruptos sin distinción, aunque tenga el presidente de la Suprema Corte de Justicia que asumir interinamente la dirección del ejecutivo.

Este pueblo quiere justicia, está harto de la corrupción y la impunidad, pero tampoco desea ver caer solo a los “corruptos favoritos”; que caigan todos, los de unos y los del otro; su gobierno está abarrotado de ellos y usted solo los rota de cartera. Pero mientras el Procurador General de la República sea un pupilo o “muchacho de mandado” del presidente de turno, es una quimera pretender avanzar en esa dirección.

El día que el principal actor de persecución de la corrupción no dependa de un decreto del presidente, que sea elegido por el pueblo, podríamos contar con que los corruptos sin importar el padrino que los protejan, tendrían la cárcel como destino común, en donde serían tratados como los vulgares delincuentes que son. Nosotros como ciudadanos debemos mirarlos por encima del hombro en vez de congraciarnos y perseguir sus migajas.

Mientras tanto, solo brota en mis recuerdos el poema del viejo Pedro Calderón de La Barca: ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Constructor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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